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Panamericano – PWC – Super final.

Hay momentos en la vida que parecen pequeños cuando ocurren, pero con el tiempo entiendes que ahí comenzó todo. Para mí, uno de esos momentos fue en marzo de 2024, cuando decidí volver a competir. En ese momento no tenía grandes resultados, no aparecía en los rankings nacionales, casi ni encuentro mi licencia FAI.

Todo empezó cuando empecé a salir a competir en Venezuela, luego a Colombia, Titos me habló del Panamericano 2024 en Andras y hablo con la organización para que yo participara. Yo prácticamente no existía dentro del circuito competitivo. Apenas estaba retomando ritmo y aun así, terminé inscrito en mi primera competencia categoría 1 rodeado de pilotos que parecían volar en otro planeta.  Ellos entendían cosas del aire que yo todavía no lograba ver. Sí, alcanzaba a completar algunas tareas, pero los resultados eran duros. Terminé cerca del puesto 100 y aunque para muchos eso podía verse como un fracaso, para mí fue el inicio de algo mucho más grande.

En 2025 llegó mi primer Mundial representando al país fui el único ecuatoriano en ir al Mundial ya tenía mejor puntuación estaba entre los 500 del mundo, tercero en el ranking nacional. Sin embargo, los resultados todavía estaban lejos de lo que soñaba, terminé alrededor del puesto 80, pero mi mentalidad seguía siendo la misma: aprender.

Y entonces llegó 2026.

Después de 10 competencias FAI, con errores que yo mismo los cometía, otras veces me salía, pero era parte de mi aprendizaje nunca me moleste con los resultados. Este año decidí poner en práctica todo lo aprendido y las cosas comenzaron a cambiar. En Colombia llegaron los primeros resultados realmente competitivos. Fue también mi primera vez volando con el Team Niviuk, donde conseguimos el primer lugar por equipos y logré entrar entre los 20 mejores de la clasificación general. Por primera vez sentía que ya no estaba solamente sobreviviendo en las competencias; ahora podía seguir el ritmo.

Rumbo al Panamericano 2026 y a la PWC en Brasil.

 El Panamericano se realizó en Castelo, y ya fui parte de la selección ecuatoriana Volar junto a pilotos como Titos, Juan Patiño, Juan García o Raúl Guerra que fueron parte de la selección ya no estuve solo, estuve con los mejores de nuestro país.

 Las condiciones no fueron fáciles, pero logré puntuar todos los días para la selección. El nivel seguía siendo altísimo, aunque esta vez ya no me sentía perdido.

Sin embargo, el último día del Panamericano me dejó una de las lecciones más fuertes de toda mi carrera deportiva.

Venía bien posicionado y probablemente demasiado enfocado en terminar dentro de los diez primeros. En el planeo final tomé una mala decisión. Quizá fue emoción, quizá exceso de confianza o simplemente parte del aprendizaje, pero tuve un aterrizaje muy fuerte. Uno de esos golpes que no solo te sacuden el cuerpo, sino también la cabeza. Pasé de pensar en puntos y posiciones a pensar en algo mucho más importante: la vida.

Agradezco muchísimo a la organización por la rápida atención, a Juanito Patiño por acompañarme durante toda la revisión y al Team Ecuador por estar pendientes de mí todo el tiempo. Al final terminé en el puesto 13, pero con una enseñanza que vale más que cualquier resultado: ningún punto vale más que tu vida.

 

Asi empezo un sueño en mi primera PWC.

Ahí apareció algo que no sentía hace mucho tiempo: miedo.

Miedo de volver a equivocarme. Miedo de volver a sobrepasar el límite. Miedo de volver a dejar que la emoción tome decisiones por mí.

Pero hablando con pilotos amigos, con el team y conmigo mismo entendí algo que jamás voy a olvidar: nosotros somos quienes hacemos seguro este deporte o quienes lo hacemos peligroso. Y curiosamente, esa caída terminó ayudándome muchísimo más de lo que imaginaba, porque llegué a la PWC con una mentalidad distinta. Más tranquilo. Más consciente. Más enfocado en volar inteligente que solamente rápido.

Llegar al despegue de mi primera Paragliding World Cup fue algo difícil de explicar. Miraba alrededor y veía pilotos que durante años solo había visto en videos o libros. Muchos de ellos habían estado en el Mundial pasado, pero esta vez la sensación era diferente. Ya no estaba ahí solamente para aprender; también quería competir.

Además iba con Dr.Raul Guerra y junto a Titos, alguien a quien admiro y  considero uno de los mejores pilotos del mundo y es Ecuatoriano. Llevo muchas competencias viéndolo volar y siempre me impresiona la facilidad con la que entiende las transiciones, las líneas y las térmicas es difícil sacarle información, pero cuando enseña algo lo hace de la mejor manera, siempre me ha compartido lo que sabe y me ha corregido para volar mejor.

Siempre que voy a volar a un sitio nuevo reviso videos, mapas, vuelos anteriores hablo con los locales y trato de entender cómo respira el lugar antes de despegar.

Caliche, un amigo colombiano, había llegado un par de días antes y ya había volado la zona. Recuerdo preguntarle qué le parecía el sitio. Él no es una persona que sonríe mucho, pero apenas le pregunté soltó una sonrisa clarísima y me dijo algo como: “le va a encantar hay unas térmicas bien buenas por todo lado”.

Gobernador Valadares era espectacular. Las nubes, el poco viento, las convergencias, las montañas y la forma en que el valle activaba los ciclos hacían que el lugar pareciera disdo para volar rápido.

El primer día de competencia pensé en una frase célebre: “bueno, a lo que vinimos”. Copié el task, revisé la ruta y decidí despegar unos 40 minutos antes del start. El despegue era corto, limpio y sin mucho viento. Venía de una semana completa volando y me sentía muy conectado con el aire. La primera térmica amistosa del día terminó de quitarme completamente el miedo.

Nos paseábamos en la montaña esperando el start entre las nubes. Después empezamos a movernos detrás del despegue buscando la mejor posición para arrancar la carrera.

En el primer planeo yo iba acelerado el 70% tratando de entender y todos volaban super rápido, cambie el chip para no quedarme tuve que empezar a volar prácticamente al 100% también. Los pilotos de punta pasaban una térmica y yo pensaba: “ahí van a girar”. Pero no. Seguían planeando. Apenas cambiaban un poco la línea y continuaban avanzando como si pudieran ver las olas invisibles del viento.

Llegábamos a una térmica de +4 m/s y yo esperaba que empezaran a girar fuerte. Nada. Seguían acelerando, cambiando levemente el rumbo y confiando completamente en la siguiente línea.

Íbamos a veces a apenas 400 metros del piso, algunos un poco más altos, otros más bajos, pero todos avanzando con una confianza impresionante. empecé a entender cómo funcionaban las líneas, cuándo convenía dejar de girar una térmica para mantener velocidad y cómo se movía el grupo una locura volar tan rápido parecía que teníamos alas, Titos ya me habia hablado de este nivel de vuelo.

En el segundo task ya me sentía mucho más conectado con la competencia y con el ritmo de la PWC. Logré cruzar cuarto detrás de Baptiste, considerado por muchos el mejor piloto del mundo, pero aun así entendí que en este nivel no basta solamente con llegar adelante. Durante gran parte de la carrera volé reaccionando detrás del grupo y eso me hizo perder muchísimos leading points. Al final terminé alrededor del puesto 20 y ahí comprendí otra gran lección: en una PWC cada decisión, cada línea y cada segundo cuentan muchísimo.

Después de varios días de prueba y error me mantenía alrededor del puesto 30. Parece lejos, pero en una competencia así un solo día malo puede hacerte perder 20 o más puestos. Incluso pilotos grandes como Honorin tuvo 2 malas mangas que se le hizo imposible volver a estar en el pódium como se acostumbra verle.

La noche antes del sexto task, mientras descansaba repasé absolutamente todo. Las rutas, las decisiones, las zonas donde el valle disparaba mejor, los errores anteriores y hasta conversaciones que había tenido con amigos pilotos. Recordé a Lautaro, un amigo  con quien empecé a volar térmicas de hecho me enseño a girar mi primera térmica, semanas antes del viaje le pedí un libro porque sentía que ya podía volar, pero todavía necesitaba entender mejor la teoría de competencia. El domingo antes de viajar le comente que ya me iba a las dos compes: al Panamericano y a la PWC. Le dije “la idea es quedar entre los 30… y ganar una manga”. Eso me revolvió la mente, estaba entre los 30 pero no había ganado una manga todavía, pensé mañana es mi día debo descansar bien.

El Task 6 Recuerdo estar desayunando con Raúl conversando tranquilos cuando llegó Walter, un piloto brasileño que terminó convirtiéndose en un gran amigo durante la competencia. Después apareció Titos y preguntó si habíamos visto la previsión. Yo sinceramente ni la había revisado, amaneció completamente distinto a los días anteriores. El cielo estaba nublado, las bases más bajas, mi mente siempre fue positiva y curiosamente eso me dio confianza.

Porque en los días perfectos todos vuelan rápido. Todos encuentran las líneas. Todos aceleran al máximo. Pero en los días difíciles aparecen las decisiones.

Por eso, mientras muchos estaban preocupados, yo sentía que podía ser un gran día.

Aunque recuerdo perfectamente al salir y mirar el cielo completamente gris pensando: “en serio está tan nublado”. La nube estaba bajísima y por un momento hasta dudé. Pero inmediatamente me repetí algo que llevaba días diciéndome:

mente positiva, «todo es posible».

Llegamos al despegue y todos hablaban del mal clima después de cinco días increíbles. Algunos pilotos cambiaban configuraciones, otros quitaban lastre y otros simplemente parecían incómodos con las condiciones. Yo decidí no cambiar absolutamente nada.

Antes de despegar repasé mentalmente unas notas que había escrito: calma, los leading points importan hasta el 85% de la carrera, ataca cuando puedas, espera, entiende la carrera y disfruta.

Despegué treinta minutos antes del start buscando una zona limpia donde pudiera mantenerme alto y arrancar bien posicionado. Incluso recuerdo grabar un pequeño video del start porque algo dentro de mí sentía que ese día sería especial.

Después de la primera baliza nos dividimos en dos grupos. Un grupo tomó un camino más optimo y otro una línea más larga, pero con mejores nubes.

Decidí ir por la línea larga.

Ya conocía esa ruta y sentía que el día todavía necesitaba tiempo para activarse completamente. Vi al Team Niviuk tomando otra línea más directa hacia el sol y por un momento dudé, porque sinceramente también parecía una buena decisión. Pero el grupo más grande iba hacia las mejores nubes y yo sentía que el día todavía necesitaba estructura, así que seguí con ellos.

Cuando veía clara la línea aceleraba adelante buscando leading points. Cuando no estaba seguro dejaba pasar algunos pilotos para confirmar mejor el camino. Cuando vi mi instrumento ya habíamos volado el 85% de la manga “aquí ya no importan tanto los leading points” según había estudiado.

En ese instante recordé inmediatamente el error del Panamericano, cuando no giré unas vueltas extra antes del gol y terminé quedando fuera de la meta. Esta vez hice exactamente lo contrario. Respiré profundo, tomé agua, controlé mis emociones dado que solo nos faltaba una baliza para terminar la carrera, había pilotos más bajos acelerando mientras giraba una térmica y veía por donde atacar toque la última baliza, fue entonces cuando vi un pájaro volando exactamente hacia la meta planeando bien, a pesar que la altura me daba menos 200m a gol decidí seguirle, entré en una convergencia perfecta. El vario empezó a sonar, mi corazón a latir igual que el sonido del vario cada vez mas fuerte acelerado al 100% por un pequeño retrovisor vi como el grupo comenzaba a seguir la misma línea detrás de mí. Sabía perfectamente que si dudaba un segundo me pasaban todos.

No había margen para equivocarse.

Mi instrumento pasó de marcar altura negativa a gol a empezar a darme margen positivo. Luego cien metros. Luego doscientos.

Y ahí entendí que el vuelo estaba hecho seguía sin miedo completamente concentrado en no salirme de esa convergencia perfecta.

Cuando crucé el speed section dejé de acelerar porque sabía que había ganado.

No porque alguien me lo dijera. Lo sentí, había atacado cuando debía atacar. Había esperado cuando debía esperar. Y sobre todo había aprendido de todos mis errores anteriores, crucé el gol segundos adelante del grupo. Segundos que cambiaron completamente mi historia deportiva.

Cuando revisé los resultados solo confirmé que ese día todo era posible. Había ganado una manga de la Paragliding World Cup, algo que durante mucho tiempo soñé y trabajé en silencio. Muchos pilotos recorren todo el circuito de las PWC buscando un pase a la Super Final, y yo acababa de conseguirlo en mi primera participación.

En ese momento entendí la dimensión de lo que había logrado. No era solamente un buen resultado personal. También era entrar en la historia como uno de los pocos pilotos sudamericanos en ganar un task de una PWC.

 

Lamentablemente NO podré asistir a la Super Final este 12 de Mayo. No por falta de ganas, porque ganas sobran. Hicimos todo lo posible con el tema de la visa y agradezco muchísimo al doctor Raúl por toda la ayuda y el apoyo durante todo el proceso, pero el tiempo no alcanzó. Se hizo todo lo humanamente posible, sin embargo no se pudo concretar.

Además, competir al máximo nivel requiere un esfuerzo económico enorme. No se trata solamente de viajar a volar. Detrás de cada competencia hay velas, arnés, instrumentos, logística, hospedaje, alimentación y muchísimos gastos más. Y sinceramente, tampoco sé si estaba realmente preparado para sostener una Super Final en España donde todo es más costoso.

Por eso quiero agradecer especialmente a mi esposa mis hijos y toda mi familia, que siempre han estado apoyándome incluso cuando este sueño también significa sacrificios para ella y para nuestra familia.

También quiero agradecer a Titos, porque más allá de ser un piloto increíble, ha sido una persona clave para ayudarme a entender el vuelo competitivo. A Raúl, que además de volar durísimo organizó muchísima de la logística en Brasil y compartió conmigo la felicidad de ese resultado. A Walter, que sin conocernos terminó convirtiéndose en un gran amigo y nos ayudó todos los días con una generosidad enorme con su vehículo privado para nosotros.

Y quizá eso es lo más bonito de toda esta historia.

Que hace apenas dos años veía a esos pilotos desaparecer delante de mí sin entender cómo lo hacían… y ahora tuve la oportunidad de cruzar un gol antes que muchos de ellos en una Paragliding World Cup.

No porque sea el mejor piloto del mundo.
Sino porque nunca dejé de aprender.

Hoy miro atrás y entiendo que el verdadero premio nunca fue solamente ganar una manga o clasificar a una Super Final. El verdadero premio fue convertirme en la persona que necesitaba ser para llegar hasta aquí.

Volver a encontrarme con los amigos con los que empecé a volar fue uno de los momentos más especiales de todo este camino, reunirnos después de muchos años. El cariño con el que me recibieron, sus mensajes, sus buenas vibras y la felicidad genuina que compartieron conmigo terminaron siendo uno de los premios más grandes de esta historia.

Soy José Barrera, nacido en un pequeño campo llamado Dug-Dug, en el cantón Paute. Mi infancia pasó entre pastos, vacas, tierra y sembríos. Crecí viendo montañas, fui a la universidad, me dedique a cumplir metas y objetivos, sin imaginar que algún día terminaría cruzando cielos junto a los mejores pilotos del mundo.

Me caí muchas veces.
Y después de 36 años… escribí una historia.

Una historia que recién comienza.

Nos vemos en el aire…

 

3 respuestas

  1. Hermano del aire, de verdad que es inevitable soltar un par de lágrimas de emoción por tu relato.
    Gracias por la berraquera y ejemplo. Tu relato es inspirador para quienes queremos competir algún día. Gracias Grande José Barrera.

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